jueves, 2 de diciembre de 2010

LA FELICIDAD DE LA IGNORANCIA

SIMPLEMENTE, PORQUE ME HA GUSTADO:

http://ocnaranja.blogspot.com/2010/11/sobre-la-felicidad-de-la-ignorancia.html

"FELICIDAD DE LA IGNORANCIA


felices los ignorantes
porque jamás entenderán el olvido

amputado mi entendimiento
guardo costalados de penurias en mi silo

desbordada el alma mía
de candideces
de sueños malnacidos
de crueldad y desespero
no necesito para bien vivir
ni rezos ni malditas aureolas

y aun así
en la dimensión de lo imposible
mi mano se resiste al tajo
quiere dibujar un cielo de papel
y en el vientre un orgasmo

si...
la sabiduría invade a otros
les indica que una sombra
ante Sol se ha diluido
que su existir no valía la pena...

Ana lucía montoya rendón
noviembre 2010

Por Carlos LOPEZ DZUR
ANA LUCIA: Este poema, «Felicidad de la ignorancia», me parece un canto a la humildad debida ante el conocimiento, esa misma advertencia que explicó Nicolás de Cusa en su tratado La Docta Ignorancia y que Erasmo retomaría para el «Elogio de la locura». Quería, al leer tu poema, identificar quién es autor del epígrafe que utilizas: «... felices los ignorantes / porque jamás entenderán el olvido» (sic.), no citaste al autor. Mas no importa que no lo hayas puesto, pues hallo el poema coherente / consistentemente filosófico / colocado en el dilema de la situación del conocimiento y las actitudes intelectuales de hoy.

Mientras más se acumula nuestro saber / nuestros acervos de datos y ciencias / más «amputada» se siente la mente para dar respuesta a las muchas preguntas. Los misterios y las preguntas, los desafíos de lo por saber, son cada vez abrumadoramente mayores con respecto a nuestra aptitud para resolver y fijar verdades. La sabiduría «desde fuera» es algo que nos «invade» hasta obsesionarnos con «la dimensión de lo imposible», como dices en el poema.

si...
la sabiduría invade a otros
les indica...

Me gusta la frase «desbordada el alma mía»; me recordó el concepto griego, filosófico y mitológico del «ibris», desbordamiento y fuerza, capaz de destruir e «invadir». En tu texto, la profusión surgente del conocimiento tanto existencial, como intelectual, especialmente si llega de fuera, forjan lo mismo:

... sueños malnacidos
(de) crueldad y desespero

que candidez... Y la candidez, pese a todo, es más resistencia que indiferencia. Desde la candidez, hay por lo menos una calma cautelosa. En la desesperación, hay destrucción o tentativas temerarias. Es el por qué Nicolás de Cusa dice que hay una ignorancia que posiciona su mente infinita frente a las finitudes de los desesperados que están intelectualmente atraídos por conocer lo incomprensible. Nicolás de Cusa favorece el reconocimiento de una ignorancia instruida, docta, que no es transcendente, puesto que «la sabiduría no se infunde de fuera, sino que está dentro de uno mismo», dice. El hecho es que el cándido (o ignorante docto o instruído desde el interior) resiste la invasión, con los peligros, para no desbordarse. Es cauteloso ante «la dimensión de lo imposible»

y aun así
en la dimensión de lo imposible
mi mano se resiste al tajo...

¿Quién dice que «su existir no valía la pena» (sic) si no el presuntuoso cuyo ego absolutizador se da el derecho a querer figurar el mundo como una identidad de sí y por tanto, seudo-emúlo de Dios / o de cualquier creador y verdadero descubridor? Ese es el que anda siempre por la «dimensión de lo imposible», confundiendo imagen y semejanza con criterios estrechos de identidad egoica y verdad como coincidencia, ese el que quiere ver lo oculto cuando siquiera tiene ojos para ver lo manifestado. Ese es quien, por tan apresurado, camina antes de tener patas. Ese que mucho quiere entender, teminará siendo el nihilista, el que no cree en nada, desilusionado y lo destruye todo...

Y está esa mano, ese tajo... que traes a colación para ir deshilvanando la esencia del poema. El tono del poema lo da la frase «no necesito para bien vivir / ni rezos ni malditas aureolas». El hablante, tu voz lírica en el poema, es una muy segura de sí misma, en cuanto es feliz, cautelosa (resistente al tajo) y a las ínfulas trascendentes. La seguridad de esa voz nace del interior, de la inmanencia. La felicidad práctica del ignorante-instruído, que no se tortura ni hace que «olvide» su lugar real, se explica en términos cusianos por el hecho de que «la razón es la que debe determinar las cosas, el distinguir no es el Absoluto», pues, al llegar a la tarea del verdadero conocimiento hay que separarse de las características de las cosas externas y encontrar la esencia de las cosas en el interior.

Los invasores intelectuales, o seres externalistas y «trascedentes» (en el sentido que la religión y otros intelectuales «auroleados») practican sus juegos peligrosos a las identidades y se frustran. Por buscar mucha luz, se deslumbran, se ciegan y fácilmente darán por sombras diluídas sus avances ante la Luz del Conocimiento. Eso es falta de confianza y paciencia. Eso es poca fe en la experiencia que, después de todo, es la piedra sobre la cuales el verdadero conocimiento se funda antes de pasar al interior «para encontrar la cualidad o categoría esencial». Esos últimos matan su experiencia y su luz de un TAJO.

Pero la mano del hombre humilde, paciente, empírico, la del DOCTO IGNORANTE no es así. Esta mano resiste. La Mano es un símbolo maravilloso en la poesía mística y práctica, porque la MANO es aprendizaje de experiencias sensoriales, no sólo racionalizadora. Mano es acción y arte, manualidad; la mano es más cautelosa ante los «desbordes» del alma y el peligro de la «amputación». Esta «mano» de tu poema me sugiere, en sus resistencia cautelosa ante toda heridura / o tajo / un anhelo de Cielo / pero también de Vida / Disfrute (vientre / orgasmo).

mi mano se resiste al tajo
quiere dibujar un cielo de papel
y en el vientre un orgasmo

Creo que este poema es un comentario sobre el proceso cognitivo. Es como una protesta al intelectualismo lleno de vanidad. Y, como tú, Analucía, creo que se puede aspirar a dibujar ciertas verdades prácticas sobre cielos de mejor justicia y disfrutes terrenales / sexuales / subdivo / bajo el cielo. «Guardo costalados de penurias en mi silo», dices; yo, unos poquitos de penurias / humildades / ante las dimensiones de lo imposible por ahora...

Me llevo tu poema a Sequoyah, con tu permiso. Estoy preparando el número nuevo.

Un abrazo, Carlos"

4 comentarios:

Lola dijo...

Muchas gracias a mi también...

Jose Fco. Delgado Abad dijo...

A veces la felicidad no está caminando hacia adelante, si no en detalles a nuestros lados.

Princesa115 dijo...

La felicidad son momentos, pequeños momentos que tenemos que aprovechar.

mison dijo...

Oye, pues a mi también me ha gustado, aunque me tuve que leer atentamente la radiografía que le hace al poema Carlos López para entenderlo. La verdad, a veces me cuesta comprender algunos poemas y me ha sorprendido la descripción gratamente. Estoy de acuerdo en que cada vez estamos más ansiosos de brillar con luz propia, de ser los más sabios, y en realidad el conocimiento viene desde el interior, de nada sirve por ejemplo aprender este poema de memoria y saber el nombre del autor si no lo entiendes y no indagas tú mismo en el texto para entenderlo. Podemos saber muchas cosas ¿pero las entendemos, o las aplicamos a nuestra vida?
Te confieso que ayer le eché un vistazo a la entrada, pero estaba cansada y me costaba asimilar las palabras, que son un poco filosóficas, así que lo dejé para hoy. Un beso